Poemas del dia de la madre

Este proximo 10 de Mayo es el dia de la madre, seguramente quieres dedicarle un poema y si quieres alguno te recomiendo le leas uno de estos para hacerle un especial dia.

poemasdiadelamadre

Sólo el amor de una madre

Sólo el amor de una Madre apoyará,
cuando todo el mundo deja de hacerlo.

Sólo el amor de una Madre confiará,
cuando nadie otro cree.

Sólo el amor de una Madre perdonará,
cuando ninguno otro entenderá.

Sólo el amor de una Madre honrará,
no importa en qué pruebas haz estado.

Sólo el amor de una Madre resistirá,
por cualquier tiempo de prueba.

No hay ningún otro amor terrenal,
más grande que el de una Madre.

Madre

Tu mirada de amor
descubre lo que otros no quieren ver.
Tu nobleza
te hace apreciar lo que los demás desprecian.

Tu amor desinteresado
te hace defender a los pequeños
que otros atacan o menosprecian.
Tu presencia
despierta confianza, amor a la vida
y esperanza en un futuro mejor.

Mamá

Quiero agradecerte
que estés en mi vida.

Sé que puedo contar contigo
en momentos difíciles,
sé que contigo puedo
compartir mis alegrias,
y sé que nuestra amistad
se sustenta en mutuo amor.

Que seas mi MAMA y mi AMIGA
es el más preciado tesoro,
que agradeceré a DIOS eternamente.

Gracias por llenar mi vida
con tanta felicidad.

Te Amo Mamá!

Extraidos de: Poemas del alma

Fuente: Webadictos

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20 Comentarios en “Poemas del dia de la madre

  1. Quiero agradecerte
    que estés en mi vida.

    Sé que puedo contar contigo
    en momentos difíciles,
    sé que contigo puedo
    compartir mis alegrias,
    y sé que nuestra amistad
    se sustenta en mutuo amor.

    Que seas mi MAMA y mi AMIGA
    es el más preciado tesoro,

  2. te quiero dar las gracias mama xq tu me diste el don mas imxtante como lo es la vida se que nunk te e dicho que te quero muxo pero la vdd si tqm xq se que puedo contar contigo mama en las buenas y en las mals

  3. Presencia y ausencia de mamá
    Poema de Raymundo Reynoso Cama.(Peruano)

    La presencia de mamá me hace ver las nubes cabalgar
    sobre los duros hombros de las agitadas olas del mar,
    que se alzan, en pausado vuelo al infinito, para navegar
    gallardas en su inmensidad, inspiración de nuestro mirar.

    La presencia de mamá me hace sentir, en la lluvia, su nobleza
    que riega de bendición la sed y esperar de la misma naturaleza,
    requerimiento y encantos humanos que escuchan esas melodías
    en cada trajinar de los ríos, en cada transcurrir de nuestros días.

    La presencia de mamá, hace que mis sueños tengan que soñar
    con querencias y adquisiciones que logran saciar mi esperar
    con ansias pueriles de ternura, con calor, con abrigo maternal,
    y se posan en el álbum del recuerdo, con principio y sin final.

    Tu ausencia, mamá, produce una añoranza en mis ilusiones,
    que al tocar la realidad se esfuman sigilosas mis aspiraciones,
    llenándome el alma de mucho dolor, desencanto y pesadumbre
    del pensar sin pensamiento, de la rutina y hábitos sin costumbre.

    Tu ausencia, mamá, hace que tenga un grito en la garganta,
    que al liberarse, lo escuchará atenta esa pradera pura y santa,
    el bosque sin árbol, ese árbol sin hojas, algún nido sin pajarillo,
    pajarillo sin vuelo, campo sin río, hasta el mismo sol sin brillo,
    firmamento sin estrellas, pasión sin ningún arrebato ni frenesí,
    ansias sin sosiego, mi motivo sin encanto, mis recuerdo sin ti.

    ,

  4. Las mamás se merecen respeto, si existe una hija o hijo resentido con su progenitora, pues, debería abstenerse de hacer comentarios por más razones que tenga. Por mi parte agradesco a Dios por haberme dado una maravillosa madre, a la que amo tanto.

  5. Otro poema de mi autoría al servicio de ustedes.
    LA ÚLTIMA PROPINA.
    Poesía del autor Raymundo Reynoso cama.

    Hoy quiero que mi pensamiento
    viaje como el mismo viento
    y recordar aquel pasado
    que viví con el ser amado.

    Cómo recuerdo a mi madre
    luchando junto a mi padre,
    digna de toda admiración
    por su sincera abnegación.

    Todo eso quiero recordar
    aunque me ponga a llorar
    por traer, justo a mi mente,
    casos que duelen de repente.

    Sufrió mucho cuando me casé
    por que, es cierto, me alejé
    para formar mi propio hogar,
    por su puesto, en otro lugar.

    Todos los días yo solía
    visitarla y la veía
    resignada a su destino,
    mostrándose con mucho tino.

    Nunca quiso dar a conocer,
    de su alma, algún padecer.
    Se supo contener por el bien
    de los que empezaban recién.

    Cuando cobraba mi salario,
    era como deber primario
    dar a mi madre su propina.
    Ella decía no ser digna…

    por que podría quitarle el pan
    del nieto que con tanto afán,
    todo papá pone esmero
    para protegerle primero.

    Así transcurría el tiempo
    sin penuria ni contratiempo.
    Pero un día de invierno
    se nubló su semblante tierno.

    Se encontraba en su cama,
    ya no se la veía sana,
    rehuía a nuestra mirada
    y ni siquiera ya hablaba.

    Fui a mi casa preocupado,
    ella había empeorado.
    Dormida estaba mi gente.
    Esperé el día siguiente.

    Después del banco, regresaba
    para ver si se encontraba
    mi madre, en buena condición,
    para que me dé su bendición.

    Era su costumbre , después
    de recibir esa propina,
    ganada con mucha honradez,
    observada por su vecina.

    La encontré agonizando.
    Mis hermanos, a Dios rogando
    para que no se la recoja.
    Sufrí la más dura congoja.

    De rodillas pedí al cielo
    que me brinde ese consuelo
    de seguir viendo a mi madre
    acompañando a mi padre.

    Luego regresé a su lecho.
    Había dolor en mi pecho.
    Exclamé: ¡Madre respóndeme!
    Pon tu mano y concédeme…

    esa dicha que me recibas,
    como siempre, este aporte
    que servirá como soporte
    para que, muy feliz, tú vivas.

    No te preocupes por los niños,
    tengo el pan asegurado,
    ellos comparten con cariño
    el favor que Dios nos ha dado.

    No escuchó, no me respondió.
    De pronto mi madre expiró.
    ¡Madre por favor no me dejes!
    ¡Todavía no…no te alejes!

    ¡Espera un poco más,
    aquí está tu engreído!
    ¡Mira lo que te he traído,
    recíbemelo… una vez más!

  6. POESÍA: LA ROSA QUE SEMBRÓ MAMÁ.
    AUTOR: RAYMUNDO REYNOSO CAMA

    Yo nací, en un lugar, en donde se amanece y se anochece más temprano,
    y es que la gente se levanta al rayar la aurora y se acuesta al ocultarse el sol,
    lugar rodeado de plantaciones y surcos hechos por papá y mamá, a mano,
    en tierras ajenas, con dueño extranjero, de elegante chaqueta color tornasol.

    Yo nací en donde un buey, un arado y una lampa, valen más que un peón,
    y casi siempre el hombre se alimenta de un aligerado fiambre frío.
    Yo nací, casi como Cristo, en una choza de caña, totora y barro, junto al río,
    y en esa situación, la gente es víctima del mismo clima y también del patrón.

    En un aciago amanecer, las agitadas y turbulentas aguas del río se desbordaron
    destruyendo, cruelmente, todo lo que mis padres, con mucho amor, sembraron.
    Entonces todas su aspiraciones, sus esperanzas, sus ilusiones quedaron truncas.
    Comprendí que ¡Dios perdona siempre, el hombre a veces y la naturaleza nunca!

    A la gente demasiada humilde se le prohíbe ejercer el derecho de desanimarse,
    pues, solo posee la obligación ineludible de levantarse y de volver a superarse.
    Eso hizo mi pobre padre, cansando a su cuerpo, sin mostrar ninguna clase de enojos,
    al igual que mi abnegada madre, llorando su alma, sin ninguna lagrima en sus ojos.

    Todo sacrificio hecho era muy poco para salvar, de sus hijos, el ansiado bienestar.
    Como símbolo de esa muestra de esfuerzo y amor, mi madre, una rosa sembró
    a orillas de una acequia. Con ello quiso demostrar que en la vida se puede gozar,
    pero también se puede sufrir al herirte la espina que el propio destino escondió.

    Y fui creciendo, como todos, llorando, riendo, cantando y jugando.
    En el hogar, mis padres eran los reyes, en el trabajo sin don ni mando.
    Trabajar la tierra como si fuera nuestra, era la principal obligación,
    y de regreso a casa, seguir trabajando era nuestra sana diversión.

    Transcurrió el tiempo y el patrón prescindió de nuestro esmerado servicio,
    entonces tuvimos que abandonar la tierra que cultivamos con tanto sacrificio.
    A mi madre, el transcurso de los años y el recuerdo la fueron consumiendo
    y una mañana, en forma inesperada, aún en primavera, se estaba muriendo.

    Mi padre, muy triste , le rogaba para que tome el remedio que el doctor recetó,
    la tenía tiernamente junto a su pecho, de pronto mi madre en sus brazos expiró.
    El miró al cielo y dijo: ¡Primero mi chacra, ahora también me quitas la esposa!
    Dime Señor ¿En qué te he fallado? Sin ella no valgo nada, soy cualquier cosa.

    Resignado a su suerte, en el amor de sus queridos hijos mi padre se apoyó,
    pero no crean, a mi madre nunca la olvidó, a tal punto que un día regresó
    a la orilla de la acequia en donde un día mi adorada madre una rosa sembró.
    Habían limpiado todo, pero a esa linda flor, el nuevo dueño intacta la dejó.
    Allí había permanecido como esperando, ansiosa, a sus seres más queridos.
    Papá la contemplaba extasiado, con la frente fruncida y los labios enmudecidos,
    muestra de haber revivido recuerdos de su compañera que le robaron la calma.
    No pronunció ni una palabra, pero cuánto habría padecido su adolorida alma.

    Entonces yo le dije: viejo, la vida es así, como un rosal, con espinas y flores,
    en ella hay que aprender que existen alegrías, como también muchos dolores.
    ¡Pero aquí tienes a tu hijo que siempre estará contigo para ese dolor mitigar!
    El se acercó a mí…me abrazó fuertemente y los dos nos pusimos a llorar.

    Hoy, cuando ya no soy un niño, muy temprano quise ver ese añorado lugar,
    en donde solía jugar con mis hermanos y de paso a esa linda flor contemplar.
    ¡Ya no estaba la rosa que sembró mamá! ¡Mi corazón se empezó a desgarrar
    por que tampoco se encontraba papá para, muy juntos, abrazados volver a llorar!

  7. EL DOLOR DE SER POBRE Y EL PROBLEMA DE SER RICO.

    Autor: Raymundo Reynoso Cama.

    Narraba un hombre, con lágrimas en los ojos,
    grandes situaciones de dolor, que por ser pobre,
    tenía que soportar frente a los antojos
    de algún indolente que le sobraba el cobre.

    Desde niño sufría, al llegar la navidad,
    cuando veía el juguete de su amigo,
    el cual era mostrado a toda la vecindad.
    Mientras él sólo su pena llevaba consigo.

    Esa pobreza le venía como herencia.
    Pues no pidió, al mundo, llegar menesteroso,
    situación de la cual, él nunca se avergüenza.
    Sin embargo su destino es muy doloroso.

    La vida no le brindó esa oportunidad,
    que otros tienen, para forjarse un porvenir.
    Desde muy pequeño se quedó en la orfandad
    por que sus padres no dejaron nada, al morir.

    Parece que la historia se quiere repetir.
    Ya llega la navidad y no hay juguete ni pan
    para, a sus pequeños hijos, poder repartir,
    lo que esperan con mucho esmero y afán.

    ¡Tengo muchos hijos pero nada puedo darles!
    Dijo con mucha tristeza y queriendo llorar.
    ¡Dios mío, esa ilusión no quiero quitarles!
    ¡Pon un poquito de felicidad en mi hogar!

    Un rico, que todo lo había escuchado,
    intervino diciendo: Tengo mucho dinero
    pero hoy me siento, por demás, abandonado.
    Mi familia se encuentra en el extranjero.

    Disfrutan de la riqueza que yo les he dado.
    Mi casa está llena de juguetes y de pan.
    Sobra el panetón y el gran vino helado,
    Sin embargo no hay quien me lo pida con afán.

    Tu casa se encuentra vacía de comodidad
    pero llena de cariño, comprensión y amor,
    mientras que la mía está llena de soledad,
    sin ninguna compañía que me dé su calor.

    ¡Por favor buen hombre, tú que eres bondadoso,
    ven con tus hijos a mi casa, para llenarla
    de alegría en un momento muy hermoso!
    A nuestra común tristeza hay que mitigarla.

    No todo lo resuelve el dinero, el cobre,
    más bien nuestras mejores riquezas son los hijos.
    ¡Puede existir el dolor de ser pobre,
    pero también habrá el problema de ser rico!

  8. Que lindos poemas que nos presenta Raymundo, ayer: Presencia y ausencia de mamá, hoy: La última propina, la rosa que sembró mamá y la última que se titula: El dolor de ser pobre y el problema de ser rico. todos muy hermosos, llenos de mucha realidad. felicitaciones.

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